⚠️¡REVELADO! Jeffrey Epstein y Francisco D’Agostino:🚨El vínculo secreto que no sabías 👁️

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La divulgación de documentos clasificados por parte del Departamento de Justicia ha terminado de retirar el velo sobre la inmensa telaraña de contactos que el fallecido financiero Jeffrey Epstein tejió alrededor del globo. Si bien su centro de operaciones gravitaba en torno a Nueva York y el Caribe, los archivos han arrojado una luz inédita sobre una conexión particularmente profunda y estratégica con la élite empresarial y política de Venezuela. Las fuentes documentales exponen cómo Epstein, lejos de ser un observador pasivo, fue cortejado activamente para adentrarse en la compleja dinámica de poder de la nación sudamericana.

En el epicentro de esta trama venezolana, en un significativo número de comunicaciones, emerge la figura de Francisco D’Agostino, Presidente y CEO de D’Agostino & Co. LTD. Durante años, investigaciones periodísticas en años recientes habían perfilado a D’Agostino y a su esposa, María Victoria Vargas —hija del banquero Víctor Vargas Irausquín—, como auténticos “peces en el agua” dentro de la alta sociedad neoyorquina. Con residencias en la Gran Manzana y Los Hamptons, la pareja era habitual en fiestas opulentas y reuniones exclusivas, consolidando a Francisco como una suerte de embajador oficioso de los negocios de su suegro, el banquero que posteriormente caería en desgracia tras la quiebra de sus entidades financieras.

D’Agostino (Ilustración)

Sin embargo, los correos electrónicos revelados ofrecen una radiografía mucho más precisa de la relación entre D’Agostino y Epstein. En una comunicación fechada el 22 de octubre de 2012, enviada a la dirección personal de Epstein, el empresario venezolano desplegó una alfombra roja virtual para el financiero. En un tono de familiaridad evidente, encabezado por un “¡Hola Jeffrey!”, D’Agostino esbozó una propuesta logística para un itinerario de “una noche y dos días” en Caracas, prometiendo acceso irrestricto a lo que él denominó los “movers and shakers”: aquellos individuos que movían los hilos del país.

Los “bolichicos” y la arquitectura financiera

La lista de contactos sugerida en esa misiva digital no distinguía colores políticos, evidenciando una capacidad pragmática para navegar entre dos aguas en una Venezuela polarizada. Uno de los nombres más llamativos en la propuesta fue el de Alejandro Betancourt, propietario de Derwick and Associates. D’Agostino describió a este joven multimillonario con notable entusiasmo, calificándolo como un “chico muy, muy interesante” que, con apenas 34 años en aquel entonces, gestionaba contratos gubernamentales por un valor superior a los 3.000 millones de dólares.

El interés por el sector energético y las finanzas estatales se reforzaba con la inclusión de Baldo Sanso, asesor financiero de PDVSA y cuñado de Rafael Ramírez, quien en ese momento ostentaba un poder omnímodo como presidente de la estatal petrolera. Esta conexión ofrecía una llave maestra hacia las arcas de la principal industria del país.

Pero las ambiciones plasmadas en el correo iban más allá del petróleo. La correspondencia revela un apetito voraz por el sector bancario. Al sugerir una reunión con José María Nogueroles, dueño del Banco Nacional de Crédito (BNC), D’Agostino fue explícito al mencionar que ese era “el banco que queremos comprar”, una frase que sugiere que él y Epstein exploraban activamente adquisiciones conjuntas o maniobras de gran calado en el sistema financiero local.

Entre la oposición y el “chavismo duro”

La agenda propuesta era un ejercicio de equilibrismo político. Por un lado, se ofrecía acceso al corazón del chavismo mediante figuras como el General Alejandro Andrade, exjefe de finanzas y Tesorero Nacional, un hombre clave en el manejo de los fondos públicos. También figuraban Jorge Hernández y Yuchi Cen, este último representante del gobierno chino y encargado de los cruciales acuerdos bilaterales entre ambas naciones.

En la orilla opuesta, la lista incluía a Henry Ramos Allup, entonces secretario general del partido Acción Democrática y figura prominente de la oposición, a quien D’Agostino identificaba además por su vínculo familiar directo, al ser su cuñado.

El espectro empresarial privado se completaba con titanes de las telecomunicaciones como Eduardo Stigol, presidente de Intercable —mencionada como “la compañía de cable de la que estamos hablando”—, y Oswaldo Cisneros, presidente de Digitel, a quien el correo describía sin ambages como “probablemente el hombre más rico de Venezuela”.

El factor dinástico

Para cerrar la propuesta y dotar al viaje de un aura de legitimidad histórica y política, D’Agostino destacó que su propio padre, Franco D’Agostino, se uniría a la comitiva. Lo presentó ante Epstein como una figura “muy influyente”, instrumental en la elección de expresidentes de la era democrática previa, como Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez, y poseedor de la única licencia de hosting de internet activa en el país para la fecha.

“Esto es solo una idea… de las personas más importantes del país tanto en el sector privado como en el gobierno”, concluía el correo, dejando abierta la puerta a los deseos de Epstein. Este documento, ahora de dominio público, confirma cómo el depredador financiero buscaba pescar en el río revuelto de la economía venezolana de 2012, guiado por D’Agostino, quien conocía todos los resortes del poder en Caracas.

Francisco D’Agostino expresó explícitamente su agrado por la isla de Jeffrey Epstein -la misma de los escándalos sexuales- en un breve intercambio de correos electrónicos en junio de 2013.

La trama de “Hyperion”: Alertas de narcotráfico y un juego de espejos corporativos

Mientras la correspondencia con Francisco D’Agostino trazaba un mapa de influencias políticas, otra serie de comunicaciones en los archivos revelados destapa un flanco mucho más turbio y operativo de la organización de Jeffrey Epstein: la gestión de sus activos aéreos bajo la constante amenaza de investigaciones criminales. Los documentos registran un episodio crítico de confusión corporativa que encendió las alarmas en el círculo interno del financiero, vinculando su marca logística con el tráfico de drogas en suelo venezolano.

La “bandera roja” en el aeropuerto de Caracas

En noviembre de 2012, apenas un mes después de que D’Agostino propusiera la visita de alto nivel a Caracas, la bandeja de entrada de Epstein recibió un mensaje urgente. El remitente era un individuo identificado simplemente como “Larry” —a quien las investigaciones han señalado consistentemente como Larry Visoski, el piloto de confianza que sirvió a Epstein durante décadas—. Bajo el asunto “Caracas update”, el mensaje contenía una advertencia que no admitía ambigüedades: se había levantado una “bandera roja” (red flag) ante las autoridades aeroportuarias venezolanas.

El informe de Larry detallaba que una entidad llamada “Hyperion Aviation” había estado involucrada en un incidente relacionado con drogas en Venezuela en agosto de 2012. La gravedad del asunto obligó al equipo de Epstein a desplegar una ofensiva diplomática y legal para aclarar la situación ante los funcionarios de control aéreo en Caracas. El objetivo era establecer una distinción tajante: su entidad operativa, denominada legalmente “Hyperion Air, Inc.”, no era la misma compañía que aquella “Hyperion Aviation” manchada por el narcotráfico.

Una estructura instrumental bajo sospecha

Epstein (Ilustración)

Para comprender la magnitud de la preocupación de Epstein, es necesario diseccionar la naturaleza de su compañía. “Hyperion Air” no era una aerolínea convencional; funcionaba como un vehículo instrumental, una compañía fantasma diseñada para ser la titular legal de la flota privada del magnate. Bajo el paraguas de esta firma se registraban activos críticos, incluidos los helicópteros —como el Bell 430 y el Sikorsky— que realizaban el transporte discreto de pasajeros desde el aeropuerto de St. Thomas hasta la isla privada de Little St. James. En demandas civiles posteriores, esta estructura ha sido señalada como un engranaje esencial en la logística del tráfico sexual, facilitando el movimiento de víctimas lejos del escrutinio público.

Por otro lado, la entidad con la que se les confundía, “Hyperion Aviation Ltd”, era una empresa legítima registrada en Malta en 2011 y vinculada al magnate belga de la aviación Bernard van Milders. Van Milders, fundador de Flying Group y una figura respetada en la aviación ejecutiva europea, operaba una flota comercial genuina. La coincidencia de nombres en un entorno tan volátil como el venezolano generó una tormenta perfecta de desconfianza.

La reacción de Epstein: “muy sospechoso”

A pesar de los esfuerzos de su piloto por disipar la confusión y separar las identidades corporativas ante las autoridades locales, Epstein no se mostró satisfecho. Los correos muestran que el financiero reenvió el reporte de Larry a Francisco D’Agostino, expresando un escepticismo paranoico. “Esto es lo que me están diciendo, pero sospecho mucho”, escribió Epstein.

Su desconfianza podría no haber sido infundada, o quizás reflejaba su propia obsesión por el control. Lo paradójico de este “juego de espejos” es que, aunque en 2012 Epstein luchó por distanciarse de la firma maltesa homónima para evitar el estigma del narcotráfico, documentos posteriores sugieren que las líneas entre ambas entidades no siempre estuvieron tan claras, o al menos, que los proveedores de servicios técnicos terminaron mezclándolas en los años venideros. Esta confusión de identidades, lejos de ser un mero error administrativo, resalta la opacidad con la que Epstein operaba sus alas de acero, siempre al borde de la legalidad y bajo la sombra de actividades ilícitas.

Logística de la opulencia y la agenda global: Del Búnker en Manhattan a los cielos modificados

Más allá de las intrigas políticas en Caracas y los laberintos corporativos en el Caribe, los archivos desclasificados ofrecen una inmersión técnica en la obsesión de Jeffrey Epstein por la comodidad extrema y el control absoluto de su entorno. Esta fijación por la “ingeniería del lujo” queda patente en una serie de documentos técnicos de The Boeing Company, fechados seis años después de la debacle de identidad en Venezuela, que exponen cómo el magnate no escatimaba en gastos para transformar sus aeronaves en fortalezas voladoras de confort inigualable.

Las reuniones y el reloj suizo de la Calle 71

Epstein – D’Agostino (Ilustración)

Si los aviones eran su dominio en el cielo, la mansión ubicada en la calle 71 Este, entre la Quinta Avenida y Madison, era su centro de comando en tierra. Los correos electrónicos desnudan la gestión meticulosa de Lesley Groff, la asistente de confianza de Epstein, quien fungía como la guardiana de su tiempo y su privacidad. La correspondencia con Francisco D’Agostino, que abarca un periodo constante entre 2012 y 2018, revela una rutina casi cronometrada.

Las citas en la residencia de Manhattan se agendaban con una precisión marcial, frecuentemente a las 3:00 p.m. o 4:00 p.m. Sin embargo, la relación con el empresario venezolano también tenía facetas más mundanas y públicas. Los registros muestran encuentros en lugares de moda en el Soho, como el establecimiento Cha Cha Matcha en Broome Street, así como reuniones casuales en el exclusivo Hotel Bristol en París. La dinámica de estos intercambios, cargada de cambios de último minuto y confirmaciones breves enviadas desde dispositivos iPhone, denota una familiaridad operativa que trascendía lo meramente profesional.

D’Agostino – Epstein (Ilustración)

Horizontes más allá de América: la conexión egipcia

Finalmente, las comunicaciones confirman que la red de influencia no se limitaba al hemisferio occidental. En diciembre de 2012, mientras se gestionaban las crisis de identidad corporativa en Venezuela, D’Agostino y Epstein exploraban “nuevas oportunidades” en Oriente Medio. Un correo electrónico muestra el envío de un Acuerdo de No Divulgación (NDA) a un contacto identificado como “Shaher”, relacionado con la apertura de una oficina en Egipto.

En estas comunicaciones, donde Epstein figuraba en copia para supervisar cada movimiento, la urgencia era la norma: se instaba a “moverse rápido” para capitalizar negocios emergentes.

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