Por Eloisa Suárez
Francisco D’Agostino Casado, un nombre que evoca más controversias que logros empresariales, ha emergido como figura central en una serie de escándalos financieros que se extienden desde Venezuela hasta Estados Unidos y otras latitudes. Su presunta participación en la trama de Derwick Associates, con sus cuestionados contratos de plantas eléctricas con el Estado venezolano, y su posterior inclusión en la lista negra de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro estadounidense, configuran un perfil marcado por la opacidad y las acusaciones.
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El 19 de enero de 2021, la administración de Donald Trump, finalizando el primer periodo de gobierno del actual mandatario estadounidense, incluyó a Francisco Javier D’Agostino Casado en la lista de sancionados de la OFAC, señalándolo por participar en maniobras para evadir las sanciones impuestas al sector petrolero venezolano a través del comercio marítimo de crudo.
Por otra parte, D’Agostino ha intentado desvincularse insistentemente de Derwick, la empresa que se benefició de contratos estatales millonarios para la instalación de plantas eléctricas, tras la emergencia eléctrica declarada en Venezuela en 2009, contratos que han sido objeto de intensas críticas y acusaciones, pues fueron pagados con escandalosos sobreprecios.
El 13 de enero de 2025, a escasos días de la salida de Joe Biden de la presidencia, D’Agostino fue, sorpresivamente, eliminado de la lista de la OFAC. La exoneración abarcó también a Alessandro Bazzoni -socio de Francisco D’Agostino- y a varias entidades vinculadas, como Elemento Oil & Gas Ltd (constituida en Malta) y Element Capital Advisors Limited (con registro en las Islas Vírgenes Británicas y presencia en Panamá y Caracas). Esta última, creada en 2008, se promocionaba como una firma de asesoría de inversiones que, supuestamente, generaba “altos retornos con baja volatilidad relativa”. Coincidentemente, en ese mismo año, se estableció en Delaware una entidad con idéntico nombre, registrada como marca en Nueva York. La cronología de estos eventos y la naturaleza de estas compañías levantan ahora serias dudas sobre las operaciones de D’Agostino.
BOD: El naufragio de un imperio y la sombra de D’Agostino
Más allá de las sanciones y Derwick, otra controversia se cierne sobre Francisco D’Agostino: la estrepitosa caída del Grupo Financiero BOD, presidido por su suegro, Víctor Vargas Irausquín. Lejos de ser un mero espectador, D’Agostino, esposo de María Victoria Vargas Santaella, hija de Vargas Irausquín, emerge como un protagonista clave en el colapso de este imperio financiero. Los indicios sugieren una responsabilidad mucho mayor que la de un simple testigo silente.
Miles de particulares, familias y empresas en Venezuela, que confiaron en las ilusorias “oportunidades financieras” ofrecidas por el Grupo BOD, ahora luchan por recuperar su patrimonio. Un patrimonio que, aparentemente, se evaporó de las arcas de los bancos offshore del grupo, como el Banco del Orinoco NV en Curazao, un caso que ejemplifica la magnitud de la debacle.
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D’Agostino no solo presenció, sino que participó activamente en una serie de eventos que cimentaron la creación y consolidación del Grupo Financiero BOD, tal como existió antes de su implosión. Además, se le señala como uno de los arquitectos de la captación de fondos de clientes, fondos que terminaron atrapados en las diversas entidades del Grupo, incluyendo Banco del Orinoco NV (Curazao), AllBank Corp (Panamá), BOI Bank (Antigua y Barbuda) y Bancamérica (República Dominicana). Su papel, lejos de ser secundario, se revela como crucial en la ingeniería financiera que condujo al desastre.
Y ahora, con las acusaciones relacionadas con PDVSA, su situación se torna aún más compleja, ante una solicitud de extradición realizada por Venezuela a España, en agosto de 2024, y una orden de detención emitida el 12 de mayo de 2023, derivadas del escándalo “PDVSA-Cripto”. D’Agostino es acusado de estar involucrado en la presunta sustracción de buques cargados de crudo venezolano.
El “exitoso empresario”: La fachada y las contradicciones de D’Agostino
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El currículo oficial de Francisco D’Agostino lo pinta como un “exitoso empresario” e “inversionista” venezolano, artífice de diversas compañías en el mundo. Según este relato, su carrera despegó a finales de los 90, tras graduarse “con honores” en Boston College con una licenciatura en finanzas y economía. Su primer peldaño profesional fue como vicepresidente financiero de Dayco Holding Corp, una empresa familiar vinculada a la construcción y las telecomunicaciones.
Pero la narrativa oficial choca con la realidad. La fortuna y los negocios de D’Agostino parecen más bien ligados a los de la familia de su esposa, María Victoria Vargas, con quien contrajo matrimonio en el año 2000. Un vínculo que plantea interrogantes sobre el origen de su capital y su meteórico ascenso.
Según su currículo, a principios del 2000, el mismo año de su boda, D’Agostino se aventuró en solitario al adquirir el Banco Noroco, un pequeño banco regional. Sin embargo, la procedencia del capital para tal adquisición es cuestionable, considerando que solo ejercía un rol ejecutivo en el holding familiar. Además, D’Agostino tiene varios hermanos, y su padre, Franco D’Agostino, seguía al mando del holding de la familia D’Agostino. La herencia, por tanto, se presenta como una fuente improbable de los fondos necesarios para comprar un banco. El relato oficial, nuevamente, se tambalea.
Las crónicas del BOD: La verdad tras la fusión y el rol de Vargas
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La historia oficial del Grupo BOD, narrada en sus propios archivos, ofrece una perspectiva diferente a la presentada en el currículo de D’Agostino, revelando el papel fundamental de su suegro, Víctor Vargas Irausquín, en la construcción del imperio financiero.
En 1992, Cartera de Inversiones de Venezuela, un holding liderado por Vargas Irausquín, adquirió las acciones del Banco Occidental de Descuento. Este holding, que agrupaba a 35 empresas de diversos sectores (finanzas, petróleo, inmobiliario, construcción e industrial), buscaba “crear sinergias” entre ellas.
Seis años después, en 1998, se inició la expansión financiera con la fusión del Banco Noroco y Valencia Entidad de Ahorro y Préstamo, dando origen a Norval Bank, una entidad financiera del Grupo Financiero B.O.D. Esta fusión, y no la supuesta adquisición individual de Noroco por parte de D’Agostino, marca el verdadero inicio de la expansión.
En 2002, Norval Bank se fusionó con el Banco de Monagas y el Fondo de Activos Líquidos B.O.D., consolidando al Banco Occidental de Descuento como Banco Universal. Un hito clave en la historia del grupo.
La adquisición de Corp Banca en septiembre de 2006 -que desde 1996 había adquirido el antiguo Banco Consolidado- por parte de Cartera de Inversiones Venezolanas, fue otro paso crucial. Un año después, ambas entidades unieron sus plataformas tecnológicas. La fusión definitiva entre B.O.D. y Corp Banca, aprobada en 2009 y concretada en 2013, culminó este proceso de expansión, orquestado, en gran medida, por Vargas Irausquín. La narrativa de D’Agostino del “empresario exitoso” que construye su propio imperio se desvanece, ante la evidencia del rol central de su suegro.
¿Empresario independiente o ejecutivo al servicio de su suegro?
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A pesar de la imagen de “exitoso empresario” que Francisco D’Agostino proyecta, documentos revelan que, al menos entre 2008 y 2016, desempeñó diversos cargos ejecutivos en el Grupo Financiero BOD, propiedad de su suegro. Esta realidad contradice la narrativa de un emprendedor independiente y deja dudas sobre su autonomía empresarial.
Entre sus funciones en el BOD, D’Agostino fue director principal de BOD Valores Casa de Bolsa, C.A.; vicepresidente de negocios internacionales y director suplente del Grupo Financiero BOD; vicepresidente de Banca Privada del Grupo Financiero BOD y director de Bancamérica, la filial del BOD en República Dominicana. Incluso, el propio D’Agostino ha afirmado haber sido fundador y director de Banca Privada del BOD desde el año 2000.
Estas revelaciones sugieren que D’Agostino, más que un empresario independiente, actuaba como un alto ejecutivo al servicio de los intereses de su suegro, Víctor Vargas Irausquín. Un patrón que recuerda la historia del propio Vargas, quien, según lo relatado en algunas crónicas, debe su carrera como banquero y empresario financiero a su anterior esposa, Carmen Leonor Santaella, cuya familia ya estaba involucrada en el negocio bancario, desde mucho antes de la incursión de Vargas. La historia parece repetirse con D’Agostino, cuyo ascenso se manifiesta intrínsecamente ligado al poder y la influencia de su suegro. La “independencia” empresarial de D’Agostino, se torna, cuando menos, cuestionable.
Un bautizo en Nueva York: Lujos y conexiones
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Mientras D’Agostino ocupaba cargos ejecutivos en el grupo financiero de su suegro, simultáneamente cultivaba una intensa vida social en Nueva York. Fotografías del bautizo de una de sus hijas en 2013, muestran una celebración que trascendió lo religioso para convertirse en una fastuosa velada en Manhattan, un escaparate de conexiones con el mundo bancario, financiero y empresarial, tanto venezolano como neoyorkino.
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La madrina de bautismo fue María Margarita Vargas, cuñada de D’Agostino y esposa de Luis Alfonso de Borbón, duque de Anjou. Curiosamente, Luis Alfonso también ostentó el cargo de vicepresidente de Banca Privada del Grupo BOD, evidenciando la intrincada red familiar que permeaba el entramado financiero.
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Entre los invitados, destacó la presencia del banquero venezolano Julio Herrera Velutini, quien en 2009 había huido de Venezuela tras ser citado para declarar por el colapso del Banco Real y el Helm Bank, entidades de su propiedad. A principios de agosto de 2022, Herrera Velutini fue acusado en Puerto Rico, junto con la exgobernadora puertorriqueña Wanda Vázquez Garced y el exagente del FBI Mark Rossini, de participar en un esquema ilegal para beneficiar financieramente la campaña a la gobernación de Vázquez Garced, a cambio de favores para el Bancrédito International Bank, el banco puertorriqueño de Julio Herrera. El caso judicial contra Herrera continúa abierto en Puerto Rico, arrojando otra sombra sobre la reputación de este invitado de D’Agostino.
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Sentada junto a Herrera, se encontraba Corina Ulivi de Balbontin, esposa de Manuel José Balbontín, presidente Ejecutivo de Compass Group, una influyente firma de gestión de inversiones. Manuel José Balbontín es uno de los socios fundadores de Compass Group Chile, una de las mayores administradoras de inversiones en Chile. El esposo de Corina fue ejecutivo estrella de Citicorp en Nueva York y Londres. Trabajó en Citicorp Chile en el equipo de finanzas corporativas en 1984. Dirigió las operaciones de la oficina de Compass Group en Nueva York. Junto con Jaime de la Barra, Manuel Balbontin fundó Compass Group Chile en 1996. En Compass Group, ha dirigido las estrategias de inversión, el desarrollo de productos y las actividades de investigación de la firma. Manuel Balbontin es considerado uno de los “golden boys” formados por el expresidente chileno Sebastián Piñera en Citicorp en los años 80. Compass Group, bajo su liderazgo, ha administrado activos superiores a los US$ 3.000 millones.
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La presencia de Corina de Balbontin en la celebración subraya la red de contactos de alto nivel que D’Agostino cultivaba. Detrás de Corina y Julio Herrera, en una de las fotos, aparece Franco D’Agostino, padre de Francisco.
Deudas, demandas y ¿El fin de una amistad?: El conflicto entre Herrera Velutini, su banco y los D’Agostino
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La aparente camaradería entre Julio Herrera Velutini y los D’Agostino, exhibida en la fiesta de Manhattan, oculta un trasfondo de conflictos legales y financieros. Herrera Velutini y su banco, Bancrédito International Bank & Trust Corporation, se enfrentaron años después en una batalla legal en Puerto Rico con Franco D’Agostino, padre de Francisco, a raíz de un préstamo impago.
En 2015, Bancrédito otorgó un préstamo de $1.5 millones a Data Hardware Supply, Inc. (DHS), una empresa en la que Franco D’Agostino era accionista. Franco D’Agostino actuó como garante personal del préstamo, comprometiéndose al pago solidario de todas las sumas adeudadas. El incumplimiento de DHS con los términos del acuerdo llevó a Bancrédito, en 2017, a exigir el pago de $1,527,302.253.
D’Agostino y DHS cuestionaron la cantidad reclamada, presentando un documento llamado “Acuerdo Velutini” para argumentar que debía descontarse $432,000 de la deuda. El tribunal desestimó este argumento porque el “Acuerdo Velutini” era anterior a la fecha del préstamo. La defensa de D’Agostino también alegó que ciertos pagos previos debían aplicarse a la deuda, lo cual fue rechazado.
El tribunal federal en Puerto Rico falló a favor de Bancrédito, determinando que DHS y Franco D’Agostino debían pagar la cantidad adeudada. Se especula que este conflicto legal marcó el fin de una relación de negocios y amistad que, durante años, habían mantenido Herrera Velutini y los D’Agostino. La fastuosa celebración en Manhattan, en retrospectiva, adquiere un matiz de hipocresía, un preludio de la tormenta legal que se avecinaba.
Una red de conexiones en Nueva York
La celebración en Nueva York, más que una simple reunión social, revela la extensa red de contactos de Francisco D’Agostino, un entramado que se extiende desde el mundo del arte y las finanzas hasta la industria naviera y la política.
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En las fotografías, se observa a Franco D’Agostino conversando con una mujer rubia, que una fuente identificó como Sara Ayres, esposa de Charlie Ayres. Charles “Charlie” Ayres, es socio gerente, presidente del directorio y presidente del comité ejecutivo de Trilantic Capital Partners, anteriormente Lehman Brothers Merchant Banking, con una larga trayectoria en capital privado y banca de inversión. Ayres lideró la escisión de la unidad tras la quiebra de Lehman Brothers en 2008, una transición calificada como “escisión de nervios”.
María Victoria Vargas, esposa de Francisco, aparece junto al abogado venezolano Luis Alfonso Oberto Anselmi, amigo de la pareja, quien ha estado envuelto en un escándalo de presunto blanqueo de capitales y vínculos con esquemas de corrupción relacionados con PDVSA. Oberto y su hermano Ignacio han sido investigados por el Departamento de Justicia de EE.UU. por supuestamente estar vinculados a un esquema de corrupción con PDVSA por unos 4.500 millones de dólares en fondos malversados.
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En la misma foto, aparece una mujer conversando con Oberto, identificada como Christina Floyd, hija del golfista Raymond Floyd y amiga íntima de Ivanka Trump. Christina, con un título en historia del arte, trabajó en Sotheby’s y se casó con el marchante de arte Emmanuel Di Donna en 2010. Tenía su propia firma de asesoría de arte, Floyd Contemporary, antes de unirse a Di Donna Galleries en Nueva York, propiedad de su marido.
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Christina Floyd fue una de las entrevistadas en el documental “Born Rich” (“Nacido Rico” – 2003). Dirigido por Jamie Johnson (heredero de Johnson & Johnson), el filme expone la vida de jóvenes de familias adineradas, incluyendo a Ivanka Trump.
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El propio Francisco D’Agostino aparece rodeado de dos mujeres, una de ellas identificada como Dana Taylor, esposa de Douglas Taylor, codirector de inversiones del fondo de cobertura Casablanca Capital LP y cofundador, junto con D’Agostino, de Casablanca Capital LLC en 2010. Douglas Taylor, con una extensa carrera en banca de inversión, trabajó en Lazard Freres & Co. LLC, Dresdner Kleinwort Benson y Wasserstein Perella.
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Estos son solo algunos ejemplos, una pequeña muestra de las relaciones tejidas por los D’Agostino Vargas, a la par de su opulento estilo de vida.
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La red de conexiones de D’Agostino, expuesta en la celebración neoyorquina, se extiende a figuras como Graciela Gill, hija del banquero paraguayo-venezolano Víctor Gill Ramírez y esposa de Luis Oberto, vista conversando con un hombre identificado como David Schulhof, CEO de MUSQ LLC y con más de 25 años de experiencia en la industria musical.
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Otra imagen muestra a un hombre detrás de una mujer, identificado como Daniel Jesús Núñez Febres, socio-gerente en Venezuela de AGRONET Valores Casa de Bolsa, C.A., y fundador de Kryptus Capital, una firma especializada en la obtención de financiamiento para startups de tecnología y blockchain. Núñez Febres, con un pasado legal turbio en Venezuela, que incluye acusaciones de violencia de género contra una anterior pareja y el intento fraudulento de apropiación de un inmueble, ahora reside en Nueva York con su esposa, la diseñadora de moda Mariela Torres Soucy.
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Al lado de María Victoria, John Theodoracopoulos (de lentes y cabello rizado)Christina Floyd y Luis Oberto aparecen en otra foto junto a María Victoria Vargas, quien conversa con Thomas Pompidou, socio y fundador de Marker LLC, una empresa de capital de riesgo. Pompidou también es miembro del Comité de Inversiones y socio de NightDragon, una firma de inversión dedicada a la ciberseguridad con sede en San Francisco. Pompidou es además vicepresidente de Crescent Point, una compañía líder de capital privado de crecimiento centrada en Asia con sede en Singapur, donde ha sido socio y ha ocupado otros puestos de inversión desde 2005. Además, es socio, miembro de la junta y miembro del Comité de Inversiones de Team8, una empresa de capital de riesgo con sede en Israel. Su amplia experiencia en banca de inversión incluye puestos en Deloitte, Dresdner Kleinwort Wasserstein y Lazard.
Sentado junto a María Victoria, se aprecia a un hombre de lentes y cabello rizado, identificado como John Theodoracopoulos, un empresario naviero de ascendencia griega, conocido en los círculos sociales de Nueva York.
No está claro si John Theodoracopoulos es heredero de otro John Theodoracopoulos, un antiguo armador y multimillonario griego que se estableció en Nueva York y que gozó de cierta fama en el mundo naviero, en la misma época dorada de Aristóteles Onassis.
Estas conexiones, antes de que los D’Agostino se mudaran a España, eran habituales también en Southampton, Nueva York.
D’Agostino y el destino de los fondos desaparecidos
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La intrincada red de relaciones plantea interrogantes cruciales: ¿Qué oportunidades financieras y de negocio aprovechó D’Agostino gracias a estos contactos y a sus posiciones en el Grupo BOD? ¿Parte de los ahorros desaparecidos de los clientes de los bancos quebrados del Grupo BOD se diluyeron en inversiones arriesgadas, en los lujos de Víctor Vargas, o en los emprendimientos petroleros de D’Agostino, incluida su participación en Petrodelta y en el comercio marítimo de crudo que le valió sanciones estadounidenses?
La figura de D’Agostino emerge como un posible alter ego de su suegro, Víctor Vargas Irausquín, quien en 1990, tras vender en Venezuela el Banco Barinas, intentó incursionar en el mercado estadounidense, adquiriendo el Capital National Bank de Nueva York, pero se vio envuelto en investigaciones por mentirle a la Reserva Federal, fraude, autopréstamos y lavado de activos, que lo obligaron a pactar un acuerdo en el que Vargas se comprometió a no volver a operar bancos en territorio estadounidense. Aunque sus asesores jurídicos han afirmado que Vargas detectó y denunció las irregularidades, fue por lo anterior que se vio obligado a liquidar la sucursal neoyorquina de CorpBanca, banco que adquirió en 2006, y transferir sus activos y pasivos al Banco del Orinoco NV en Curazao.
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Nueva York, destino predilecto de Vargas antes de perder su visa y vender su mansión en Palm Beach, ¿fue acaso retomada silenciosamente por D’Agostino, a comienzos del siglo actual, como plataforma para negocios financieros?
¿Qué tanto sabe D’Agostino sobre el destino final de los fondos de los ahorristas? ¿Qué acciones legales emprenderán los ahorristas, como los del Banco del Orinoco NV, contra D’Agostino? Las evidencias lo sitúan como un actor clave, y su responsabilidad en el colapso del Grupo BOD parece haber sido subestimada. Incluso, en las reclamaciones legales en Curazao, firmas bajo control de D’Agostino, como Element Capital Group Ltd y Element Capital Advisors Ltd, registradas en las Islas Vírgenes Británicas, han figurado como vinculadas al Grupo Cartera de Víctor Vargas, generando impugnaciones por parte de los abogados de los ahorristas, quienes sospechan de un intento de Vargas por camuflarse entre los acreedores.
Es así que el papel de D’Agostino, lejos de ser secundario, emerge como central en el intrincado drama financiero derivado del colapso del Grupo BOD.
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